Categorías
Prensa

Laura Panizo por detenidos desaparecidos: “La ausencia del cuerpo obstaculiza que familiares se enfrenten a la muerte a través de prácticas rituales”

Por: Laura Panizo / Publicado: en radiousach.cl

[Extraído de radiousach.cl / link al audio de la entrevista aquí]

La antropóloga señaló que las restituciones de los cuerpos con las identificaciones producen mucha apertura además de cierres, como es el reclamo de la justicia y empezar a sanar la experiencia traumática de los deudos.

La investigación «Cuerpos presentes, cuerpos ausentes» busca dar cuenta de las formas en que los familiares de los detenidos desaparecidos en Chile se enfrentaron a las pérdidas de sus seres queridos desde la desaparición de los cuerpos hasta la recuperación de los mismos en los casos en que fue posible. Estación Central conversó con la antropóloga Laura Panizo sobre esta experiencia de duelo.

La profesora de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, señaló que “la ausencia del cuerpo obstaculiza que los familiares se enfrenten a la muerte a través de las prácticas rituales establecidas por la sociedad” y que se produce una búsqueda constante de estos deudos, lo que provoca un desgate constante, “porque el calendario de la vida cotidiana está trazado por la temática” donde se reactivan las experiencias traumáticas con una justicia que no llega o lo hace de una forma no adecuada.

La antropóloga dijo que desde el proyecto han acuñado el concepto de “muerte desantendida” que explicó que es cuando se sabe que ocurrió porque que es enfrentada a través de la pérdida, pero no es atendida a nivel ritual ya que no se producen las instancias colectivas,  sociales que presten atención al muerto a través del cuerpo y a los deudos que atraviesan por esa situación.

La investigadora comentó que con los detenidos desaparecidos se produce un peso generacional del trauma mediante la transmisión de la memoria, donde hijos o nietos se hacen cargo de la búsqueda pendiente y muchos quieren revindicar la historia familiar.

“Las restituciones de los cuerpos con las identificaciones producen mucha apertura además de cierres, como es el reclamo de la justicia y el activar experiencias traumáticas que se tienen que empezar a tramitar de otra manera” dijo la experta en muerte, duelo y memoria.

Vuelve a escuchar la entrevista AQUÍ

Categorías
Prensa

11 de septiembre de 1973: En Somos Memoria recordamos los 47 años del Golpe de Estado

Por: Nicolás Valenzuela / Publicado: Radio Santo Tomás

[Extraído de radiosantotomas.cl / link al audio de la entrevista aquí]

En una nueva edición de Somos Memoria, recordamos el duelo de los familiares de los miles de detenidos desaparecidos y analizamos la actual constitución de 1980 redactada en dictadura militar.

El luto y el duelo es un proceso de lucha constante para aquellos familiares de detenidos desaparecidos. Es desde aquí que nace la investigación “Cuerpo ausente y cuerpo presente” y que profundizamos con uno de los investigadores, antropólogo e historiador, Nicolás Valenzuela.

Mientras que en medio de este proceso constituyente del 2020, aprovechamos de recordar y analizar cómo se gestó y qué tan legítima es la constitución de 1980, con el académico Miguel Muñoz.

Además, sabemos sobre la resistencia de las mujeres en tiempos de dictadura militar. Cómo se organizaban y sobre una gran convocatoria a mediados de los ’80.

Categorías
Prensa

El duelo colectivo en Chile: pasado, presente y futuro.

El duelo colectivo en Chile: pasado, presente y futuro.

Por: Laura Panizo* y Adriana Goñi Godoy** / Publicado: en NODAL

A 47 años del golpe de 1973 y a casi un año de la revuelta que literalmente despertó al país, Chile ha vuelto a sufrir la represión de Estado con militares en las calles armados de fusiles de guerra, toque de queda y un estado de sitio. La pandemia ha dejado la revuelta en suspenso pero la muerte ha vuelto al centro de la arena social.

En dictadura, después de las detenciones clandestinas y torturas, más de 1200 desaparecidos fueron asesinados. Muchos fueron enterrados clandestinamente en fosas comunes o tumbas NN, otros fueron quemados, explosionados o lanzados  al mar. Pasaron los años y los familiares siguen transitando las pérdidas traumáticas en la búsqueda de la verdad, la justicia y la dignidad. A través de manifestaciones públicas han dado cuenta de un duelo colectivo y prolongado.

Con las revueltas de octubre de 2019, el trauma colectivo de la desaparición y la violencia volvió a activarse en la sociedad. Los estudiantes evadieron los molinetes del metro en reclamo contra el alza de la tarifa. Le siguieron manifestaciones en denuncia de la injusticia social, a las cuales se sumaron varios sectores de la sociedad. Las manifestaciones de los días viernes en memoria por los detenidos desaparecidos, se vieron ahora engrosadas por un sector mucho más amplio de la sociedad. Nuevamente los jóvenes secundarios, universitarios, pobladores, mapuche, las mujeres y los sobrevivientes de la dictadura, los familiares y descendientes de los ejecutados, desaparecidos, presos políticos y exiliados, revivieron las antiguas luchas en las calles, plazas, aulas y en el nuevo terreno de combate: las redes sociales. Las víctimas directas de la dictadura unieron sus causas a las causas que hoy defienden sus hijos y sus nietos.

Frente a las movilizaciones de octubre, el Estado declaró la guerra a un enemigo poderoso e implacable y desplegó sus fuerzas armadas y de orden contra las multitudes desarmadas. La impunidad, la tortura, la prisión política, la violencia sexual, más de 460 casos con trauma ocular y 34 personas reportadas oficialmente como fallecidas,  ha sido el resultado de esta embestida. El Estado fue denunciado por organismos internacionales de Derechos Humanos al tiempo que la movilización, activa y multitudinaria hasta el inicio de la pandemia, logró un hito fundamental: la posibilidad del cambio de la Constitución impuesta por Pinochet en el año 1980. Se convocó entonces para octubre 2020 un plebiscito que ha radicalizado las posiciones políticas e ideológicas de todos los sectores.

Pero las voces y los cuerpos no tuvieron otra opción que replegarse por la pandemia. Las medidas preventivas del gobierno y la política del miedo a la contaminación impactaron sobre el sector movilizado y volvió la amenaza del duelo tramitado en soledad.

Ante la falta de contención social para afrontar la muerte por COVID, transitar el duelo en las redes sociales ha sido para muchos una posibilidad confortable. El espacio virtual es un nuevo espacio habitado por una diversidad de personas, comunidades, organizaciones e instituciones. Las nuevas tecnologías digitales, por medio de comentarios, imágenes, videos y canciones compartidos, devuelven al fallecido a la comunidad. Entonces, estos muertos se acoplan a los mutilados y los muertos del estallido social de 2019 y a los muertos siempre presentes víctimas de la dictadura.

En el tratamiento de los muertos hay una diferencia sustantiva. El Servicio Médico Legal, que es el mismo que se encarga de las identificaciones y restituciones de los cuerpos de detenidos-desaparecidos de la dictadura, hoy puede conservar los cuerpos identificados hasta que los familiares puedan realizar las ceremonias con el acompañamiento social presencial.

Ante situaciones dramáticas, las sociedades siempre han encontrado alternativas para socializar el dolor y la pérdida. En Chile hoy nuevas formas de lucha, creativas y eficientes, se están desarrollando de la mano de jóvenes defensores de derechos humanos sociales y ambientales. Sus rostros ya no están cubiertos con capuchas protectoras ante la represión sino con mascarillas y barbijos multicolores con los símbolos de la revuelta impresos en la tela. La solidaridad y el fortalecimiento de lo colectivo se expresan en todos los espacios como manifestación de una nueva forma de vida.

La primera línea de la resistencia en la dictadura militar se reproduce en la memoria colectiva, en las restituciones, y re-entierros. La primera línea del estallido social no está hoy en día en las plazas pero sí presente, aunque mutilada, con prácticas cotidianas de solidaridad barrial. La primera línea del COVID  también está en los hospitales y en las calles. Y todas ellas, que siguen resistiendo la violencia, interactúan en un mismo espacio social en donde pueden proyectar los duelos colectivos.

En contexto de COVID, como antes en condiciones de desastres catastróficos, guerras y terrorismo de Estado, el duelo supone la necesidad de enfrentar otras muchas pérdidas además de la ruptura en las relaciones sociales en la vida cotidiana. El duelo tiene un sentido amplio; implica la ruptura de un proyecto de vida, con una dimensión no sólo familiar, sino también social, económica y política. El “duelo colectivo” implica entonces una atmósfera emocional de sufrimiento que afecta a toda la comunidad.

*Antropóloga, Escuela de Antropología de Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile. Integrante de la “Red de Cuidados, derechos y decisiones en el final de vida” del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina. Mail: laura.m.panizo@gmail.com

** Antropóloga, Universidad de Chile. Mesa Sitios de Memoria Colegio de Arqueólogas/os de Chile. Mail adrianagonigodoy@gmail.com

Categorías
Prensa

Anonimato y memoria: el Patio 29

Por: Camila Maulén / Publicado: 10.09.2020 en Eldesconcierto.cl

El Patio 29, como fosa común, era el patio de los desechables, de los no reclamados, de los NN. Y la dictadura ocupó ese discurso para hacer desaparecer los cuerpos, utilizando un espacio que, antes de ser sometido a una política de desaparición forzada, condenaba al olvido a sus primeros habitantes anonimizados.

Septiembre hay para todos los gustos (y disgustos). Es el inicio de la primavera, el mes “patrio” (harina de otro costal la crítica a la patria impuesta) y el mes aniversario del golpe de Estado. Para algunas/os, septiembre es tricolor. Para otras/os, septiembre es negro.

Septiembre nos convoca y tiene tantos colores como emociones, algunas de ellas fechables: hay quienes son del 11, otras/os del 18, y otras/os del 29, que no es fecha sino un lugar, un patio de tierra, común: una fosa. Clandestina.

El Patio 29 fue desde el año 1953 una fosa común, que luego la dictadura (1973-1990) utilizó clandestinamente para ocultar los cuerpos (e identidades) de ejecutados y detenidos desparecidos.

El actual Monumento Histórico (desde 2006), si bien no está abandonado, se enfrenta a la problemática del olvido. O viceversa: sin estar olvidado se enfrenta al problema del abandono. Aquella ex fosa común ubicada en el Cementerio General, de no ser por la solidaria y coordinada acción de recuperación y limpieza llevada a cabo los primeros sábados de cada mes, estaría tan disonante como el resto de las fosas comunes (e inclusive patios de tierra) del Cementerio General.

Disonante con la monumentalidad de los mausoleos, que hicieron del cementerio un patrimonio arquitectónico antes que patrimonio de la memoria. No es de extrañar que el destino de los pobres sea un nicho de cemento o de tierra, y que la maleza, sin querer serlo, se convierta en la mejor aliada del abandono institucional.

La dimensión de las fosas comunes nos hace pensar en los expulsados del sistema, en los primeros NN que dentro del imaginario social son los habitantes por antonomasia de una fosa común: los así llamados indigentes, pacientes siquiátricos y los, famosos sin serlo, cuerpos no reclamados, desechados. Son Los Nadies de Galeano, que cuestan menos que la bala que los mata.

Hay, si se quiere, un correlato entre la vida, la muerte, la desaparición forzada y aquellos cuerpos destinados a permanecer anónimos en una fosa común. Y cementerios como el General, en tanto ciudades de los muertos (necrópolis), se encargan de prepararnos durante el camino con inmensas construcciones para los muertos, hasta llegar sin mucho asombro a los confines de tierra.

No es casual que a los desaparecidos de la dictadura los haya recibido, en este espacio de la muerte que es el Patio 29, todo este mundo de gente valiosa cuya muerte es tan política como las otras, sólo que tal vez más marginales y anónimos, pues sus primeros habitantes habían sido ya arrebatados de su identidad. Despojo originario que marca así la esencia de una fosa común: la condena del olvido.

El Patio 29, como fosa común, era el patio de los desechables, de los no reclamados, de los NN. Y la dictadura ocupó ese discurso para hacer desaparecer los cuerpos, utilizando un espacio que, antes de ser sometido a una política de desaparición forzada, condenaba al olvido a sus primeros habitantes anonimizados.

Todo esto es septiembre. Este viernes es 11, el siguiente ya es 18. Es el mes del tiempo. Su espacio, un patio, dónde los cuerpos e identidades permanecen hijas/hijos del despojo,  arrebatados una y otra vez de su descanso eterno. Tiempo, espacio y color: donde la batalla por la memoria, lucha incansable, dignificará sus muertes.

Categorías
Prensa

La cueca sola, ayer y hoy.

Por: Paloma Vargas / Publicado: 10.09.2020 en Eldesconcierto.cl

La “cueca sola” es una de las más persistentes y emblemáticas manifestaciones culturales y de resistencia contra la dictadura militar. Su origen comienza desde la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos a fines de los años 70 y, al día de hoy, ha sido un testimonio tomado por las nuevas generaciones a través de los nuevos movimientos sociales.

A casi un año de la revuelta de octubre 2019, y a 50 años del aniversario de la Unidad Popular, las constantes denuncias a las violaciones de derechos humanos han tomado relevancia a través de distintas manifestaciones por justicia, verdad y castigo a los responsables políticos y materiales de estos crímenes de lesa humanidad. Una de las manifestaciones que ha tomado vigencia durante estos últimos años es la “cueca sola”, que se ha transformado en un dispositivo de denuncia contra la herencia dictatorial y la violencia machista en las últimas marchas por “Ni Una Menos”.

Recordamos que en la dictadura militar de Pinochet familiares de más de mil detenidos desaparecidos buscaron el paradero de sus seres queridos, mientras que el régimen negó y ocultó los cuerpos apelando a una Ley de Amnistía frente a los hechos ocurridos entre el 11 de septiembre de 1973 y marzo de 1978.

A 47 años de la dictadura cívico militar, apenas se ha revelado el paradero de 170 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, siendo éste un secreto de Estado sellado por los gobiernos de la ex Concertación, luego de llegar al poder tras conversar con la élite nacional, compuesta entre militares, partidos políticos y empresarios.

Sin embargo, la constante pelea de los familiares de detenidos desaparecidos y sobrevivientes de la dictadura se ha vuelto un emblema de la lucha contra el olvido a través de distintas manifestaciones por la permanencia de memorias en disputa de una historia fragmentada. Así como “El Siluetazo” que utilizaron las Madres de la Plaza de Mayo junto a familiares de detenidos desaparecidos en Argentina para manifestarse desde una práctica artístico-política contra la dictadura de Jorge Rafael Videla, “la cueca sola” ha sido una danza de resistencia que comenzó en 1978 por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ante el “oasis” de opresión y represión instalado en dictadura.

Esta singular danza -rescatada por el cantante británico Sting a fines de los 80, en su canción de protesta a Pinochet «They Dance Alone»- toma las raíces del baile nacional desde la ausencia del cuerpo de compañeros, amigos y familiares, denunciando los crímenes cometidos por la dictadura militar y, también hoy, por el reclamo de la presencia de las mujeres que han sido asesinadas durante estos últimos 10 años a través del reimpulso del movimiento feminista. La canción de Sting dice: «¿Por qué están aquí / Danzando solas? / ¿Por qué hay tristeza en sus miradas? / Hay soldados también ignorando su dolor / Porque desprecian el amor / Danzan con los muertos, los que ya no están / Amores invisibles no dejan de danzar».

La “cueca sola” se caracteriza por la contraposición al sentido festivo de la cueca, restituyendo la huella de un cuerpo ausente en una danza de a dos, la que nos interpela a la recuperación de nuestras memorias y los lazos de solidaridad que alguna vez nos arrebató la dictadura. En su lugar, la “cueca sola” expresa un ritual del duelo visibilizando la soledad, la espera y tristeza. Una politización del dolor que lo hace colectivo en las calles y espacios sociales, y que nos ubica en el lugar del desaparecido o de la víctima de un feminicidio para evitar que esta historia se repita.