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Investigadora de la Escuela de Antropología UAHC vincula trabajo académico sobre la muerte con la poesía

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Ritual de la muerte entre héroes y desaparecidos.

La antropóloga Laura Panizo, docente de la Escuela de Antropología UAHC, dialogó con el diario argentino Página 12 sobre su área de especialización relativo a la antropología de la muerte, los ritos fúnebres y sobre su obra poética, también vinculada a este trabajo de campo. Licenciada en Antropología Social y doctora por la Universidad de Buenos Aires (UBA), actualmente, Panizo es investigadora del CONICET-IDAES y del proyecto Transfunerario (2020-2023) sobre rituales colectivos de re-inhumación en contextos postconflicto, de la ANR de Francia. Por la Academia, lleva a cabo el Proyecto Fondecyt “Cuerpos ausentes / cuerpos presentes: experiencias de familiares de detenidos – desaparecidos en Chile” y autora de los poemarios “Lo demás, rodea” y “Por donde entra la mirada”.

Desde su trabajo con el caso Argentino, se refiere a cómo hicieron los familiares de detenidos-desaparecidos para enfrentar la muerte en ausencia de cuerpo: “La ausencia del cuerpo no solo impide u obstaculiza los rituales de muerte, sino que también imposibilita un claro reconocimiento, social e individual, de la muerte en sí y todo lo relacionado con ella: cuándo y cómo sucedió, y quiénes fueron los asesinos. Muchas veces, los familiares logran construir ciertas verdades acerca de lo sucedido, a partir de testimonios o procesos judiciales. Asimismo, se produce una apertura de la realidad y se encuentran caminos y formas de explicación posible. Los sueños y las apariciones, por ejemplo, dan mensajes y guían la acción de los familiares. La forma de tramitar los procesos de duelo dificultosos, en estos casos, depende mucho de cómo se ha tramitado la experiencia, y de los recursos a nivel social y familiar”.

-¿Qué características tienen esos procesos en el caso de los desaparecidos chilenos?

-Tratamos con procesos muy similares. Estamos hablando también de detenciones clandestinas, torturas, asesinatos y desapariciones en el marco de un terrorismo de Estado. Los familiares pasaron por los mismos procesos de búsqueda, primero de aparición con vida y luego de los cuerpos. Aparecen las mismas ambigüedades respecto a lo que implica la desaparición y también la obstaculización de las prácticas rituales. Lo que une a los familiares es esa búsqueda continua, ese dolor que guía e impulsa a la búsqueda de la verdad y la justicia. Ese reinventarse a través y por el amor. Asimismo, hay muchas diferencias en cuanto a las formas de denuncia y tramitación de la pérdida en el espacio público, que tienen que ver con la sociedad. Muchos símbolos dominantes se repiten, como el de cargar la foto de su familiar desaparecidos en el espacio público. Pero otros no.

Algo simbólico en Chile, que forma parte de sus prácticas rituales de memoria y denuncia, es el baile de la “Cueca sola”, donde la mujer baila “La cueca”, pero sola, expresando la ausencia de su compañero. Otra práctica que hace también a la identidad de muchos familiares es la realización de arpilleras. Con el bordado, las mujeres tramitan su pérdida, expresan sus emociones, cuentas sus historias y las llevan a la esfera pública. Pero también, como en todos los casos, muchos familiares no se integran en grupos de identidad ni encuentran espacios colectivos en los cuales estén acompañados y atendidos, y que brinden herramientas para expresar sus emociones colectivamente y tramitar las pérdidas.

Entre héroes y caídos

La pandemia del Covid-19 introdujo cambios en la forma de enfrentar la “mala muerte”, plantea la académica, quien cita su trabajo anterior con la antropóloga Valerie Robin Azevedo en torno a cómo las comunidades enfrentan las muertes extraordinarias, los duelos dificultosos u otros casos de muertes cercanas. “Los profesionales de salud, en este sentido, sumaron al objetivo de salvar vidas, las preocupaciones por el cuidado digno en los procesos del morir. Así, también los cientistas sociales y varios sectores de la sociedad comenzaron a poner en agenda el tema del derecho de la muerte digna y los cuidados paliativos, sumándose a las preocupaciones que hace años vienen teniendo muchos profesionales. En ese sentido, vale destacar el trabajo realizado por la Red de Cuidados, Derechos y Decisiones en el final de la vida del CONICET”, destaca.

-¿De qué modo tus experiencias en el trabajo de campo dialogan con tu producción poética?

-Desde que inicié la carrera, mi producción poética se vio influenciada por mi experiencia antropológica que es, por sobre todas las cosas, corporal. El trabajo de campo me enseña constantemente, me sorprende, me desestructura, me cuestiona. Se mete en mí cuerpo y de ahí no sale. Llevo en mi vida cotidiana mis angustias y la de los otros. Es inevitable. Y la poesía me permite expresar ese mar de emociones y experiencias de una forma que es imposible hacerlo en el escrito académico.

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La poesía, como todo lo simbólico, condensa múltiples significados y emociones. Es sintética e inabarcable a la vez. Tal vez para mí sea catártica, como muchas veces lo es el ritual. Y también, como el ritual, transformadora e inacabada, ya que incluso en la poesía no dejo de preguntarme.

Panizo explica que “la ausencia del cuerpo obstaculiza los rituales habituales, como el velatorio, el entierro, la cremación y la despedida”, pero remarca que, al mismo tiempo, “esta obstaculización propone cambios, reconfiguraciones y nuevas prácticas para dar lugar a lo que queremos dar lugar, para denunciar, recordar, honrar y generar nuevos lazos”.